Los consejos benintecionados de mis amigos me habían entrado por un oído y salido por el otro. El lebrato, sin embargo, moldeó mi carácter en silencio y sin palabras, apaciguando en parte la tensión nerviosa y la impaciencia con las que, según descubrí, había lidiado a causa de una vida en constante movimiento y siempre a disposición de los demás.
La liebre y yo de Chloe Dalton
Ed. Asteroide