A l inicio de los tiempos, cuando el hombre fue suficientemente inteligente para observar los movimientos de los puntos luminosos en el cielo, apuntó con atención lo que ocurría ahí arriba. La reflexión le llegó y meditó sobre varias influencias certeras, como la del Sol de día, y la Luna de noche que cambiaba regularmente de forma. Se convenció pronto que los otros puntos luminosos, aunque infinitamente más pequeños, eran casos similares. Ello tomó miles de años, por supuesto, lo que debemos admitir de entrada para mejor comprender el mecanismo.Sin embargo, para los grandes sacerdotes de este país que vivían en el quinto milenio a.C., este estudio del cielo y de sus configuraciones era el de las Combinaciones-Matemáticas-divinas. Esta denominación ilustrada conseguía bien su objetivo, y en esa época no había ni astronomía ni astrología, sino un cálculo matemático de las configuraciones celestes. La Fija era el Sol, Las Errantes los