Su autor, la figura más importante del Quietismo español, indica los pasos para el vacío interior mediante la suspensión del deseo como medio para alcanzar la paz y de ahí la contemplación: la mística unión.A medio camino entre el cristianismo y el budismo, en pleno barroco europeo, estas Cartas suponen un desarrollo en clave más pedagógica de su Guía espiritual, que hubo que esperar hasta 1935 para ver reeditada, y de su Defensa de la contemplación, que no se reeditaron hasta 1983.