La guerra contada desde la memoria
Lydia Vladimirovna Litvyak —Lili para quienes la conocieron— fue piloto de caza del Ejército Rojo, combatió en los cielos de Stalingrado y desapareció en combate con apenas 21 años. Su nombre ha llegado hasta nosotros rodeado de heroísmo, propaganda y relatos que no siempre encajan entre sí.
Este cómic comienza precisamente ahí: en la distancia entre lo que se contó y lo que pudo ser verdad.
Entre el mito y los hechos
Lejos de construir una biografía épica al uso, “Lydia Litvyak” adopta la forma de una investigación narrativa. Un periodista, décadas después de la guerra, intenta reconstruir la figura de la piloto a partir de testimonios, recuerdos fragmentados y documentos incompletos.
Ese proceso permite cuestionar mitos muy arraigados —como el de la supuesta flor pintada en su avión— y mostrar cómo la historia oficial, la propaganda y el paso del tiempo deforman la memoria. La obra no busca imponer una verdad cerrada, sino mostrar lo difícil que es reconstruir una vida atravesada por la guerra.
Volar sobre Stalingrado
Los combates aéreos están presentes, pero nunca como espectáculo. Las misiones sobre Stalingrado se narran desde la tensión y el desgaste: vuelos a baja altura, fuego antiaéreo constante, cazas enemigos que aparecen sin aviso y decisiones que se toman en segundos.
Aquí, volar no es gloria. Es resistencia. Y muchas veces, pura supervivencia.
Un retrato humano, no una leyenda
Más allá de las victorias aéreas y las condecoraciones, “Lydia Litvyak” se centra en la persona. Una joven piloto marcada por la pérdida, el cansancio físico y emocional, y la presión de seguir volando cuando todo alrededor se desmorona.
Antonio Gil construye a su protagonista desde la fragilidad y la determinación, alejándose del héroe idealizado para ofrecer un retrato íntimo, contenido y profundamente humano.