Cuando en julio de 1936 España se fracturó, la guerra no se libró solo en los frentes de batalla. También se
combatió en embajadas y consulados de todo el mundo, donde se abordó en gran medida la legitimidad
internacional de la República y su propia supervivencia.
Este libro reconstruye el papel del cuerpo diplomático español en aquellos años decisivos, mostrando
cómo la fractura política se trasladó al servicio exterior y convirtió cada representación diplomática en un
escenario de conflicto. A partir de una amplia investigación documental, la obra rescata las trayectorias de
los diplomáticos que permanecieron leales al Gobierno constitucional, analiza las conspiraciones,
presiones y defecciones dentro de la propia carrera y estudia la dimensión internacional de la guerra civil.
Contiene novedades sustanciales en varios de sus capítulos, particularmente en las embajadas de Berlín,
Roma y Santa Sede.
Lejos de la imagen de una diplomacia neutral, este volumen revela un mundo atravesado por dilemas
morales, intereses cruzados y decisiones de enorme riesgo personal. Muchos de aquellos diplomáticos
pagaron su fidelidad con el exilio, la depuración o el silencio forzado durante décadas.
Al servicio de la democracia, ilumina así un escenario hasta ahora poco explorado de la historia política
española y recupera una memoria olvidada: la de quienes, desde el exterior, defendieron la legalidad
republicana en uno de los momentos más críticos del siglo XX.